Antecedentes

La Semana Santa de San Lorenzo de El Escorial es
una de las más antiguas de la Comunidad de Madrid
y de España. De hecho, se tiene constancia que ya
en época de Felipe II, durante la construcción del
Real Monasterio, se celebró el primer desfile procesional.

Previamente a la inauguración de la Basílica de San
Lorenzo los habitantes del entorno y quienes participaban
en las obras celebraban esta conmemoración
religiosa a la que nunca faltaba el rey Felipe II.
Sirvan estas referencias para datar la antigüedad de
la celebración en San Lorenzo de El Escorial.

“Lleno de confianza y de satisfacción se volvió el

Rey a Madrid porque Herrera había disipado

todos sus temores, y calculaba ya ponerse recrear

en su obra. Sin embargo, no por esto levantó

mano; el 7 de marzo del año siguiente

volvió para acabar de allanar las pequeñas dificultades

que el nuevo plan ofrecía, continuó

hasta pasar la Semana Santa , que empleó enteramente

en los ejercicios devotos, propios del

tiempo, cuya costumbre conservó ya todo el resto

de su vida. Esperó luego la celebración del aniversario

de la emperatriz su madre, y partió para

Madrid el dia 2 de mayo.”

QUEVEDO, José, Historia del Real Monasterio de San Lorenzo, llamado comúnmente El Escorial, desde su fundación hasta fin del año de 1848 y descripción de las bellezas artísticas y literarias que contiene. Establecimiento tipográfico de Millado. Madrid. 1849. Pág. 42

Entretenido en todos estos objetos pasaba alegremente

los días en el Escorial el monarca de

España y aunque los negocios y cuidados del gobierno

le obligaban á abandonarlos, siempre era

de modo que no faltase no solo al cuidado de la

fábrica, sino también á los ejercicios de devoción.

La Semana Santa del año 1577 la pasó entre sus

monjes, siguiéndolos en sus pesados y devotos

rezos, y en todas las ceremonias y prácticas de

tales días, y al momento se volvió á la corte.”

QUEVEDO, José, O.c. Pág. 43

Volvió después para la Semana Santa… Recibió

la ceniza con mucha humildad y visible devoción,

acordándose de que, aunque Rey y tan grande,

al fin era su compostura como la de los otros

hombres: polvo y ceniza. Comulgaba, andaba procesiones,

ganaba Jubileos, llevaba el palio acompañando

y sirviendo a su Rey, y lavaba pies a

pobres…”.

SIGÜENZA, José, Libro Tercero de la Historia de
la Orden de San Jerónimo. La fundación del Monasterio
de San Lorenzo El Real, Junta de Castilla
León, Consejería de Educación y Cultura,
2000, vol. II, Libro cuarto, discurso X, pp.471