Hermandad del Cristo de la Buena Muerte

Breve historia

Esta Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte se erigió en el siglo XIX como heredera de la Cofradía de la Vera Cruz, que como en tantos otros lugares, se creó en esta comarca a mediados del siglo XVII.

“En el año del Señor de Mil Seiscientos Sesenta, a Seis de Agosto, sucedió que se hallaron unos mozos a un pobre hombre muy enfermo debajo de los arcos del pasadizo de la Compaña.

Habiéndole buscado confesión como es piadosa costumbre, lo pusieron en el Hospital de la Real Casa de San Lorenzo, donde después de haber recibido el Santísimo Sacramento de la Extremaunción murió

… Y consideraron las personas que se hallaban que podían ser de mucho lucro y limosna para el alma del pobre difunto poner una Cruz en aquel lugar que lo hallaron, para que los que pasasen se encomendasen a Dios…”

Extraído del acta fundacional de la Cofradía
de la Santa Cruz de El Escorial.

En 1665 tuvo lugar la fundación oficial en la Parroquia de San Bernabé, Apóstol de la Muy Leal Villa de El Escorial de la Cofradía de la Santa o Vera Cruz.

Ambos nombres reconocían a esta Cofradía heredera probablemente del Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, origen aunque incierto puede quedar acreditado por las numerosas Cofradías que bajo este nombre surgieron por todo el reino de Castilla, principalmente en La Mancha, cuya Reconquista llevó a cabo y afianzó esta Orden monástico-militar nacida en Tierra Santa durante la Primera Cruzada.

La Cofradía de la Vera Cruz, desligada de la rama militar de la belicosa Orden, continuó sus principios piadosos y caritativos, que no hay que olvidar eran la atención y cuidado tanto material como espiritual de los peregrinos y Pobres. Aquella Cofradía de la Vera Cruz que se fundaba, acogería seguramente a gran número de Hidalgos y Caballeros del lugar, algunos de ellos pertenecientes sin duda a la Corte del mismísimo Rey.

Poco después, la Cofradía se establece en la otra Iglesia del lugar: La Capilla Real de San Lorenzo. Esta era una capilla sencilla, originariamente de madera, situada muy cerca del Real Monasterio,
y que había sido mandada construir por Felipe II para que ninguna de las personas que trabajaban en la magna obra, obreros y servidumbre, quedaran desasistidas espiritualmente; es en la actualidad el Santuario que acoge a la Patrona de la localidad: Nuestra Señora la Virgen de Gracia que desde su segregación hasta mediados de los años cincuenta del siglo XX fue la Parroquia del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial.

El noble principio fundacional de la Cofradía de la Vera Cruz, que se ha mantenido hasta nuestros días, era el de “Proveer de auxilio espiritual y enterramiento digno a los pobres de solemnidad”, celebrando con especial devoción la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz que se celebra a mediados de Septiembre, así como la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Divino Redentor que tiene lugar en primavera.

La que inicialmente era una sola Cofradía de la Vera Cruz se dividió en dos: la fundada en la Parroquia de San Bernabé Apóstol de la Villa de El Escorial, y la de la Capilla Real de San Lorenzo.

Ambas “Cofradías” sostuvieron una enconada rivalidad tal y como recogen los documentos de la época, llegando a producir situaciones tales como la de que se arrancaran hojas del Libro único de Actas y ordenanzas. Este hecho debió ser la gota que colmara el vaso de la autoridad eclesiástica de turno que, dispuesta a poner paz
y a unir de una vez por todas lo que nunca debía haberse dividido, puso fin a la disputa “Otorgando un Libro nuevo y único de ordenanzas, con amenaza de Excomunión y multa de 50 ducados a quien intentare manipularlo”. A partir de este momento, y hasta que la invasión Napoleónica trastocara los cimientos de la sociedad española, la Cofradía de la Vera Cruz llevó una vida próspera y rica en Fe y obras, lo cual le valió la distinción del Papa Alejandro VII, que le concedió una Bula que otorga diversas indulgencias y privilegios
a los cofrades.

Entre estas indulgencias y privilegios destaca el “Jubileo” que se puede obtener “Confesando, comulgando y visitando la Iglesia desde las Vísperas de la Festividad de la Invocación de la Santa Cruz, hasta la media noche del día de la Fiesta”.

Se sabe también, que la Cofradía celebraba con hondura de Fe los días sagrados de la Semana Santa, y que incluso portaba un “Paso” en procesión, que consistía en una cruz de madera portada y escoltada con hachones de cera por los cofrades.

En 1814, tras finalizar la Guerra de la Independencia, la Hermandad se dispone a tomar su forma actual. En aquel año es hallada la Imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en la Casa del Nuevo Rezo de Madrid (Actual Academia de la Historia), entre el repuesto de muletas y tablillas que tenían los franceses para el cuidado de los heridos.

Este “Cristo” había llegado al Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a mediados del siglo XVII de la mano de Fray Antonio de Olivares, monje Jerónimo que se cree trajo la venerada Imagen desde el Monasterio Jerónimo murciano de la Ñora, al que retornaría tras su paso por el de San Lorenzo de El Escorial, y en el que ya como Prior fallecería en 1694.

Fray Agustín de Castro, administrador de la Casa del Nuevo Rezo de Madrid, tras comprobar que el “Cristo” de las tropas Napoleónicas provenía del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, lo retorna al mismo, permaneciendo este en la celda de algún religioso, tal y como había sucedido durante el siglo y medio anterior.

El 6 de Octubre de 1816 la Imagen del Santísimo Cristo, que había sido cedida para presidir la Capilla del Cementerio Parroquial se traslada a su nuevo lugar de culto con gran solemnidad, siendo colocada a las tres de la tarde en el emplazamiento que hasta hoy ocupa.

Fray José de Malagón, el entonces Provisor y Vicario General, la bendijo y puso el Título “De la Buena Muerte”, a la vez que en su plática animaba a los Cofrades de la Vera Cruz asistentes al acto a tomarlo como Patrono y Protector en su nueva advocación, lo que se hizo en aquel mismo momento, celebrándose por el interior del Camposanto la primera Procesión de la Hermandad con su Imagen Titular. Aquel acto unió para siempre al Santísimo Cristo con su Hermandad, que desde entonces es conocida por el nombre del “Primero y más grande de sus Hermanos”.

Varias décadas más tarde obtiene carácter oficial la ya conocida como “Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte”, mediante la aprobación de sus Estatutos por el Excelentísimo
Señor Cardenal Arzobispo de Toledo, Don Cirilo de la Alameda y Brea, por decreto de 20 de Abril de 1864. En el momento de llevarse a cabo tal aprobación, la Congregación contaba con 181 integrantes
(69 hombres, y 112 mujeres). Junto a estos Estatutos se añadió un inventario en el que figuraban de manera detallada todas las posesiones de la Congregación, entre las que destacaba la Caja Mortuoria que para la conducción de los difuntos Pobres poseía.

La vida de la Congregación transcurre por los cauces de normalidad hasta el año 1936 con el inicio de la Guerra Civil española. La Hermandad, por motivos de seguridad, tuvo que destruir gran parte de su documentación, quedando prácticamente disuelta. La Imagen del Santísimo Cristo también corría el riesgo de ser destruida, tal y como había ocurrido con numerosas Imágenes (Virgen de Gracia, Patrona del Real Sitio; Santa Lucía).

Don Alfonso Montes, por entonces enterrador, amparado por la oscuridad de la noche envolvió la Imagen del Santísimo Cristo en el Estandarte de la Hermandad y la ocultó en una sepultura de los Padres Agustinos, salvándola así de la más que probable destrucción. Finalizada la Guerra Civil se desentierra la Imagen del lugar donde había permanecido escondida.

En el año 1941 se procede a refundar la Hermandad siendo Don Dámaso Domínguez el primer Hermano Mayor tras la refundación. En ese momento se acomete la restauración del Santísimo Cristo por parte de artistas locales como Don Emilio Pardo y Don Alfredo del Moral, así como Don Isidoro Millán, que fue el carpintero que le construyó la cruz. Los gastos de esta restauración fueron costeados por suscripción popular.

Cuando en 1945 el Párroco Don Teodosio Martínez Pardo promueve la creación de la primera Junta de Cofradías y la forma actual la Semana Santa Escurialense, la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte se une inmediatamente al proyecto, siendo una de las fundadoras de la misma.

Desde ese momento, la Hermandad comenzó a realizar desfiles procesionales por Semana Santa, junto al resto de Cofradías Escurialenses.

En 1969, los diversos problemas que arrastraba la Semana Santa Escurialense, unidos a una grave crisis espiritual, motivan la supresión temporal de los desfiles procesionales. Sin embargo, desde tan triste momento y hasta 1983 en que nuevamente fueron restablecidos, la Hermandad mantuvo vivo el único desfile procesional de Semana Santa que se celebraba en San Lorenzo
de El Escorial: la emotiva “Procesión del Silencio”, que entonces como hoy, en la noche del Viernes Santo recorre las calles y plazas con la Imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte portada en hombros hasta su capilla del Cementerio Parroquial.

En la actualidad, la Hermandad cuenta con más de setecientos Hermanos, permaneciendo fiel a sus principios fundacionales, y celebrando actos de Fe, además de desfiles procesionales en Semana
Santa, por la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz y la de Todos los Santos.

Iconografía.

Imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte

En la modesta capilla del Cementerio Parroquial de San Lorenzo de El Escorial, situado en la parte más alta del Real Sitio, recibe culto la excelsa Imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, titular de esta la Hermandad que lleva su nombre.

Es esta una talla policromada de mediados del siglo XVII realizada en madera de pino, madera humilde que ha sabido soportar perfectamente los avatares del destino. Se desconoce por completo la identidad de su autor, aunque hubo un tiempo en el que se especuló que pudiera pertenecer a la Escuela de Imaginería Murciana, e incluso llegó a atribuirse con más pasión que razón al famoso Maestro»Salzillo». Pero la verdad es que, salvo la constancia de que la imagen fue traída por un monje Jerónimo del monasterio
que estos tenían en la localidad murciana de La Ńora, no existe documento que aclare el misterio.

El «Nuestro» Cristo de la Buena Muerte es un Cristo «chiquito». Su tamaño no es el natural de un hombre, habitual en las tallas Barrocas que procesionan en Semana Santa, sino que corresponde al de una imagen destinada al oratorio de la celda de un religioso, cometido este que, durante más de siglo y medio, desempeñó en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, hasta ser finalmente entregado como Patrono y Protector a la que es su Hermandad.

Su cabeza, tronchada como un lirio sobre el pecho, su cuerpo rígido y yerto, sus músculos tensos y acusados, le imprimen el realismo absoluto de un cadáver. La suavidad de su rostro, abatido y sereno, de dulce semblante aún hallándose en el terrible trance de la muerte, y la extensión de sus brazos en la cruz que parecen querer abrazar al mundo, conmueven el alma en su contemplación, al ver en Él a Dios, a Dios, que entrega su vida generosamente para dársela a los hombres, sin pedir nada, sin esperar nada. A Dios, que habla al corazón desde el silencio.

Esta representación de Nuestro Señor muerto en la Cruz posee una gran austeridad, tal es esta, que a pesar de que en los años cincuenta se «embelleció» la imagen colocando sobre su cabeza
unas potencias de plata además de cantoneras y un cartel de INRI en la cruz, elaborados en el mismo metal, tanto estos adornos, retirados actualmente, como cualquier otro que se le pusiera, por discretos que sean resultan superfluos, pues la sobriedad y la calma que transmite no precisa de ornamentación alguna.

Sometida a diversos procesos de restauración desde 1.940, año en que fue desenterrada de la sepultura donde había permanecido oculta para salvarse de la destrucción durante la Guerra Civil, fue en el año 1.998, y más concretamente entre los meses de Mayo y Septiembre cuando se llevó a cabo el último de estos procesos, un
ambicioso proyecto costeado por suscripción popular y emprendido por la Junta Directiva del momento, que procuró que además de ser
restaurada, la Imagen recobrara en la medida de lo posible su aspecto original, ya que las numerosas intervenciones, todas ellas hechas con la mejor intención, habían desfigurado e incluso ocultado algunos rasgos. Venas, tendones, e incluso los dientes y los ojos entrecerrados del Salvador, hasta entonces ocultos reaparecieron,
confiriendo a su rostro aún más hondura y expresividad.

Como dato curioso de esta restauración, indicar que, siguiendo una antigua tradición se introdujo en el interior del Santísimo Cristo un manuscrito conteniendo algunos detalles de la misma. Dicho manuscrito fue acompañado además por el primer donativo para una futura restauración, que Dios quiera lleven a cabo las generaciones venideras cuando haya necesidad de ello.

Desde el día 6 de Octubre de 1.816, El Santísimo Cristo de la Buena Muerte de San Lorenzo de El Escorial recibe culto en la Capilla del Cementerio Parroquial de dicha localidad, lugar de culto del que tan solo se «ausenta» cuando en Semana Santa procesiona por las calles, así como en el mes de Septiembre, durante la semana que contiene la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, época del año en que la Hermandad celebra con gran hondura y sentimiento el Septenario
en su Honor.


Imagen de Nuestra Señora del Gran Dolor

Esta imagen completa la iconografía de la Hermandad. Es una representación realizada en escayola de la Madre de Dios, con la mirada elevada hacia lo alto en actitud orante y a la vez resignada, acaso tal y como estaba en el Calvario, junto a la cruz, asistiendo a los últimos instantes de la vida del hijo amado.

Su semblante, más que dolor o desesperación irradia dulzura, la dulzura de quien alberga la esperanza de la Resurrección. Pero su mirada, profunda y lacerada, contiene la tristeza de una madre que sufre en silencio, la madre que, sencillamente, ocupa el lugar que le corresponde en la gran tragedia, que guarda en su corazón la honda pena que la embarga, tan solo visible a través de sus negros ojos empañados. No aparece esta Dolorosa coronada ni tocada con finos
bordados o encajes, sino humildemente vestida, como si su indumentaria fuera una imaginaria aura mística de divinidad.

En los primeros tiempos, un puñal clavado en el pecho, y cuya empuñadura sobresalía, simbolizaba su dolor, tal vez recordando la profecía que durante la Presentación del Niño en el templo le refirió el anciano Simeón: » … Y a ti, una espada te atravesará el alma». Pero en la actualidad, este objeto ha sido suprimido, probablemente porque no es necesario, pues basta la sola contemplación del rostro de María para captar el «Gran Dolor» que da nombre a esta advocación de Nuestra Seńora.

Originariamente, esta Imagen pertenecía a la Parroquia de San Lorenzo de El Escorial, donde recibía culto durante todo el año. En Semana Santa procesionaba por las calles sobre unas andas que eran portadas alternativamente por cofrades de las Hermandades de Pasión que existían por aquel entonces, entre ellas la del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, que no se sabe muy bien por qué, pero terminó haciéndose cargo definitivamente de este cometido, a pesar
de que en una ocasión al iniciarse la procesión se les fue al suelo a los portadores, sin que afortunadamente ocurriera nada digno de lamentar.

De esta manera surgió la vinculación de la imagen de Nuestra Señora del Gran Dolor con la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, una vinculación que culminaría con su incorporación a la misma el 19 de Septiembre de 1.954, día en que la Junta Directiva aceptó el ofrecimiento del Seńor Cura Párroco, que en
aquel momento era Don Teodosio Martínez Pardo, de hacerse cargo de la misma con las obligaciones que ello conllevaba.

Cuando desaparecieron las procesiones de las calles de San Lorenzo de El Escorial, esta imagen dejó de procesionar, quedando para el culto en la Iglesia Parroquial, de donde poco a poco fue relegada con el tiempo al olvido de un desván.

Así permaneció hasta el año 2000, en que la Hermandad decidió su recuperación y nueva reincorporación. Restaurada por Doña Arancha
Aguilar, y posteriormente bendecida con gran solemnidad durante los actos que con motivo del Septenario Anual en Honor del Santísimo Cristo de la Buena Muerte celebra la Hermandad en el mes de Septiembre, la Imagen de «Nuestra Señora del Gran Dolor» recibe culto actualmente en la Capilla del Cementerio Parroquial de San Lorenzo de El Escorial, junto a la Imagen titular del bendito Crucificado que da nombre a la Hermandad.

Procesiones

Procesión del Silencio

«Es noche de Viernes Santo en el Real Sitio. Noche de recuerdos y plegarias… Noche de emociones hondas y viriles en que lleváis Seńor por trono el cielo, un cielo antańo fulgurante de estrellas, pero hoy oscuro y fúnebre, acaso como aquella noche del Gólgota. Y nosotros te seguimos, te acompańamos Seńor, desprovistos ya de nuestro atuendo externo de penitencia y mezclados sin distinción de clases ni talentos.

Como fieles hermanos queremos llevarte a tu hogar que es el nuestro, en este entierro místico y espiritual. Silencio….. Solo silencio en nuestro caminar hacia el camposanto. Silencio tan solo quebrado por el ruido de los pasos y el lamento del camino herido. Nadie quiere hablar, nadie puede hacerlo en esta noche Santa. Solo tú Seńor, solo tú, Cristo de la Buena Muerte gustas del silencio para hablarnos, para hacernos sentir tu voz en lo más profundo de nuestro ser, para escudrińar en las almas desnudas de esta caravana humana que formamos ascendiendo junto a ti en la noche hasta tu
morada, donde una ańo más besaremos tus pies lastimados y llevaremos nuestra plegaria junto al lugar donde yacen nuestros
difuntos…»

De esta manera podrían expresarse las emociones que muchos escurialenses sienten cuando pasada la medianoche del Viernes Santo acompańan a nuestra Imagen titular hasta su Capilla del Cementerio Parroquial en la conocida como «Procesión del Silencio».

Esta procesión es la más sencilla de cuantas se celebran por Semana Santa en San Lorenzo de El Escorial. En ella no se encuentra el colorido de los capuchones y las bandas de música, no aparece la vistosidad del orden procesional, no ha lugar a las diferencias entre las personas que establecen los protocolos. Es una procesión íntima,
en la que cada uno camina en silencio acompañando al Santísimo Cristo «como buenamente puede», en el más sentido de los respetos.
La imagen es portada en hombros, pero no ya por sus cofrades, sino por todo aquel que buenamente desea hacerlo. No importa la estética, pues en la Procesión del Silencio no es el hombro sino el corazón el que carga con Nuestro Señor Crucificado. Al llegar al cementerio una emotiva homilía y una sencilla oración completan el acto, que concluye con el besapiés por parte de los asistentes.

Esta procesión es todo un símbolo para la Hermandad, ya que fue la única que desde sus orígenes se ha celebrado puntualmente. Durante la etapa comprendida entre los años 1971 y 1983 en que debido a una grave crisis espiritual las procesiones de Semana Santa quedaron suspendidas en San Lorenzo de El Escorial, fue la llama de esperanza para tiempos mejores, mantenida por los hermanos que sin ostentación y con los medios que buenamente podían procurarse la conservaron intacta en su esencia.

Por eso, la Procesión del Silencio es algo más que un desfile procesional de Semana Santa… es el entrañable acto de fe, la expresión sincera y humilde de un pueblo que fiel a la cita, acude
cada Viernes Santo a su encuentro con Cristo Crucificado en el arrepentimiento y el dolor, buscando la paz interior.